Mudos lugares de la inmensa noche

He muerto, todavía no sé bien por qué, pero me encuentro en la barca de Caronte viajando hacia el Hades.

Menos mal que llevaba una moneda en mi boca para poder pagarle…Gracias, madre.

En la puerta de entrada al Hades veo a Cerbero, el perro de tres cabezas, que deja entrar pero no salir.

Entro y, rodeada de almas que no conozco, viajamos por un gran pasillo con un guía. Miro hacia arriba y veo que ni siquiera se ve el techo ni la terminación de las columnas que lo sujetaban. Siempre se ha dicho que este era un sitio oscuro.

Al final del pasillo, y delante de mí, grandes puertas color rojo ardiente se abren lentamente y veo a Hades en su trono, él solo, inmóvil, impactante.

Me percato de que no está Perséfone a su lado, y recuerdo que esta mañana me levanté de mi cama y abrí las ventanas para que entrara el sol, la brisa y el canto de los pájaros, era primavera…

Como Odiseo, Eneas y Dante, Silvia Peñarrubia se adentró en las tinieblas del Hades. No buscaba a Tiresias o Anquises ni se encontró con Beatriz, solo trataba de salir airosa de unas de esa preguntas cabronas que proponemos los profesores en los exámenes. “Imagina que viajas al reino de los muertos. Describe lo que ves”. Por felonías de este tipo merecemos la supresión del complemento de destino.

Un mundo de sombras, amnesia y esterilidad que resulta paradójicamente atractivo, un paisaje de fuentes del olvido y falsos sueños albergados en los olmos.

hades1

Reino habitado por almas ajenas a sí mismas de donde es señor soberano Hades, a quien Pedro Navarro imaginó así:

Pedro Navarro_2014

En Roma tuve ocasión de recorrer la Galleria Lapidaria, el pasaje subterráneo que comunica los Palacios Capitolinos y en el que se encuentra una interesante colección epigráfica. Me llamó la atención la estela en la que Menófilo dejó su mensaje de despedida enredado en la atemporalidad de los aoristos…

menofilo

Después de gozar y gozar, reír, jugar, disfrutar de los placeres, deleitar alegremente mi alma con toda clase de cantos, sin hacer daño a nadie, sin lanzar palabras injuriosas, al contrario, viviendo como amigo de las Musas, de Baco y de Afrodita, procedente de Asia yazgo aquí en tierra italiana, entre los muertos, joven como soy. Mi nombre es Menófilo.

Menófilo tendrá que disculparnos si no compadecemos su muerte prematura tanto como admiramos su talante de bon vivant.

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