Ítaca te ofreció el bello viaje

Todo está dicho sobre Odiseo y su viaje de vuelta a casa. Todo, menos lo que opinaban Paola, Alberto, Laura, Sonia, Liam, Nuria, Damián, Daniel, Raquel, Iryna… Ellos no querían en realidad embarcar con Odiseo, pero la educación es un acto de violencia controlada y tuvieron que abordar por imperativo académico una lectura que tenía peor aspecto que Escila y Caribdis con migraña.

No siempre lo pasaron bien, pero tampoco fue siempre tan horrible. Algunas páginas de sus cuadernos de bitácora flotarán en torno a Ítaca junto a las de los eruditos y los poetas. Y sus palabras serán, como las de los eruditos y los poetas, igualmente inmortales o efímeras.

¿Por qué todo el mundo siente atracción hacia Odiseo? Yo creo que el autor intenta poner esa característica al frente, la de un hombre valeroso aunque con miedos, imperfecto, querido por todos los dioses y mortales. Parece que ve cierta luz al final del túnel cuando Alcínoo dispone para él una escolta para llegar hasta su patria.

“Que no hay nada más dulce que la tierra de uno y de sus padres, por muy rica que sea la casa donde uno habita en tierra extrajera y lejos de los suyos”, creo que tengo frase preferida de la Odisea porque además es como un brevísimo resumen de la misma

Otra de las frases más bonitas de la obra, en mi opinión, aparece en este canto: “Tres veces voló de mis brazos, semejante a una sombra o a un sueño que se esfuma como el humo”, es el momento en el que intenta abrazar a su madre (muerta), por eso me remito al poema de Ovidio; en conclusión es el símbolo de algo inalcanzable.

Vemos la aparición de un perro, el cual también Odiseo dejó atrás, este reconoce rápidamente a su amo; ¿es la aparición de un perro un símbolo de fidelidad y confianza en la literatura como lo es en el arte?

Nuria Bautista

Me gusta el “universo” que crea en el libro, todo lleno de héroes, personajes, monstruos legendarios, miles de lugares peligrosos y todos esos personajes y lugares tienen sus propias historias y peculiaridades.

Odiseo me da pena concretamente en dos situaciones, la primera cuando se encontraba con Calipso, estaba perdido en una isla remota, sus compañeros habían muerto recientemente, estaba alejado de su familia y estaba en compañía de una diosa que no le agradaba; la segunda situación es cuando Odiseo habla con el fantasma de su madre y esta le dice que murió de la preocupación que tenía por su hijo, y Odiseo intenta abrazarla pero no puede. Por algo le llaman “el sufridor”

Alberto Villaseñor

Me ha hecho gracia lo poco que he entendido, y es cuando Circe convierte a los hombres en cerdos y los mete en pocilgas.

El principio de canto XIII me ha aburrido de más. Me ha enganchado más el final, cuando Atenea se encuentra a Ulises llorando (como siempre), y disfrazada de pastor le dice dónde se encuentra y lo convierte en un viejo para que nadie lo reconozca.

(Odiseo llega a Itaca y se dirige a la majada del porquero Eumeo)

Está claro que la casa donde llega Ulises en este canto es un sitio asqueroso, una pocilga con cerdos y perros.

(Odiseo pelea con el mendigo Iro)

Ya era hora de que Ulises luchara algo, aunque fuera con un hombre mayor que él.

 Ningún pretendiente supo disparar flechas y dar en el centro de doce hachas, por eso me los imagino como los típicos pagafantas locos y desesperados por casarse con una mujer.

 Sonia Martínez

Del Canto V me quedo con el rechazo de Odiseo a la inmortalidad ofrecida por Calipso que sería el sueño de todo hombre, prefiriendo una vida más corta pero seguramente más feliz.

 En el Canto XIII se aprecia el amor y la atracción de Atenea por Odiseo, porque él es el héroe más inteligente y ella la diosa de la inteligencia. Además es la única diosa que le ha facilitado el camino a casa demostrando fe ciega en él frente a Poseidón.

Daniel Fernández

(Telémaco viaja a Esparta para informarse sobre su padre)

Me recuerda a Marco y a su mono, para allí para allí, pero en este caso buscando a su padre.

 Penélope me parece una mujer…tonta, se entera de que sus pretendientes quieren matar a su hijo y lo único que hace es llorar, me parece muy simplona.

 Odiseo tiene una de cal y una de arena, tan pronto está Poseidón “haciéndole la puñeta” como está en un palacio precioso comiendo y bebiendo.

 Es que a todos los sitios que va Odiseo le intentan ayudar pero de manera “simbólica”, con regalos, manjares…Pero no cómo volver a Ítaca. ¿Por qué le regala Eolo todos los vientos menos el que le puede llevar a Ítaca?

 (Matanza de los pretendientes)

Una palabra, wow!

No sé por dónde empezar, absolutamente sádico, me transporto hasta allí y tengo miedo.

La forma de matarlos…Es una carnicería, no quiere solo su muerte, quiere que sufran y lo hace de la forma más heavy. ¿Por qué, si no, les iba a cortar las manos, los pies, la nariz?

 Raquel Rubio

La esclava reconoce a Odiseo por la cicatriz, ya que ella sabía dónde la tenía. Tengo la sensación de que Penélope ya no se acuerda del aspecto físico de Odiseo, tampoco es tan difícil reconocer a la persona que quieres aunque sea dentro de veinte años.

 Último canto, Odiseo va a casa de su pobre padre, menos mal, ya que el humilde hombre estaba muy solo y ya cansado de vivir. El final está bastante bien. Todos están felices y yo también por haber acabado ya este libro.

Ya se acerca el final de los pretendientes. Por fin. Espero que sea muy sangriento y cruel. Se lo tienen merecido.

 Iryna Pavlenko

Me parece interesante la desconfianza que tiene el hijo de Odiseo hacia sí mismo, da la impresión de que tiene miedo a no ser tan poderoso como su padre Odiseo.

 Me ha llamado la atención la frase del final de este canto que dice: “Pues no es inferior a un hermano, el amigo que tiene pensamientos discretos”.

 Me parece interesante que Odiseo le pida a Agamenón que le cuente cómo murió para que a él no le pueda pasar lo mismo.

Laura Ainsa

En el Canto III me da la impresión de que Atenea sentía algo más hacia Telémaco que respeto y amabilidad…

 Tenía una imagen de Telémaco muy diferente a la que nos muestra Homero. Pensaba que era un chico flojo y cobarde, pero a lo largo de los primeros cantos se muestra su valentía.

 Canto VI. Es la primera vez en la historia de las monarquías que veo una princesa lavar junto a sus sirvientas su ropa sucia en el río.

Damián Flores

Atenea dice que los dioses pueden salvar a cualquier mortal, pero que cuando llegan la muerte no pueden remediarlo.

 Menelao se muestra educado dejando pasar a los forasteros y ofreciéndoles comida. Este canto me parece un poco triste ya que todos se emocionan. Cuando están en la mesa, al escuchar las palabras de estos, Helena para que no estuvieran tristes les echa en el vino una droga para disipar el dolor durante un día.

 Paola Giaquinta

En un contexto más personal, debo confesar que la Odisea me ha decepcionado en lo tocante a las aventuras que todos conocemos. Y seguramente por ser tan universales se me han quedado cortas.

 Una vez que se cruzan los caminos del padre y del hijo, se sucede una alternancia en los hilos argumentales hasta que se reconocen mutuamente hacia el decimosexto canto. Esta fluidez con que se enlazan y separan los trayectos de los personajes, los giros temporales que se solventan con una eficacia archiconocida, es con lo que yo me quedo de la Odisea.

 Porque la Odisea es también la historia de las mujeres de Odiseo…de la ingenua, enamoradiza Nausicaa; de las “femmes fatales” que son Calipso, la hechicera Circe y, en su versión más salvaje, las Sirenas; pero también de otras que no han sido sus amantes, como la protectora Atenea, que se desvive por su súbdito más aventajado (en lo que se refiere a ingenio); sus dos madres, la biológica Anticlea y la nodriza Euriclea; y, cómo no, el paradigma de la fidelidad, la sufridora Penélope.

 Especialmente triste es el momento en que su perro Argos muere justo al reconocerlo (v.290-328: “Cuando vio a Odiseo cerca…movió la cola…pero ya no podía acercarse a su amo. Entonces ,Odiseo,… desde lejos, se enjugó una lágrima…”), que compite en emotividad con el reencuentro con su madre en la Nekya,  de la cual no conocía la muerte, haciendo todavía más doloroso este momento (C.XI, v.205-209: “quería abrazar el alma de mi difunta madre. Tres veces me acerqué…y tres veces voló de mis brazos”)

Frente a estos desoladores episodios, durante los cuales uno casi puede oír los lamentos de los personajes, están las reacciones en las que Homero- o quien fuera- relata con inigualable maestría (que yo conozca) el torrente de emociones, siempre contradictorias, que afloran ante una esperadísima sorpresa: la inicial impotencia e incredulidad de Telémaco (C.XVI,v.194-201: “Tú no eres Odiseo, mi padre, sino un demon que me hechiza para que me lamente…más…todavía”), que se transforma en radiante euforia en la nodriza Euriclea cuando, en uno de los  momentos más tensos de la obra, lo reconoce por la cicatriz en el muslo (C.XIX, v.467-476: “La anciana…resonó el broce…el gozo y el dolor invadieron al mismo tiempo el corazón de la anciana y sus ojos se llenaron de lágrimas); un amplísimo espectro sentimental que se repite en Penélope, más doloroso si cabe al ser la última en revelársele Odiseo, y que está reflejado en uno de los pasajes más bonitos del libro: “…mientras ella le oía, le corrían lágrimas y se le consumía el cuerpo. Lo mismo que en las montañas se derrite la nieve…así se fundían sus hermosas mejillas vertiendo lágrimas por su marido…” (C.XIX, v.203-209). En fin, esto es la nostalgia, nunca (que yo sepa) mejor expresada…y lo digo como viajero entre dos mundos, como Odiseo…

Liam Jackson

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